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Violencia de géneroCamila Elena Arranz Villalva VIOLENCIA DE GÉNERO… ¿QUÉÉÉÉÉ?
¿QUÉ ES LA VIOLENCIA DE GÉNERO? Es cualquier acto ejercido por la pareja (novio, marido, compañero) con la finalidad de conseguir una autoridad absoluta sobre la mujer: que acate sin cuestionar sus normas, gustos, etc. Frases como “EL QUE LLEVA LOS PANTALONES”, “ES EL QUE MANDA” han hecho que a día de hoy muchos hombres se sigan creyendo superiores a las mujeres. ¿Increíble? Sí, mucho, pero es una realidad mucho mas cotidiana de lo que nos pensamos.
¿QUÉ TIPOS DE VIOLENCIA DE GÉNERO HAY? -Violencia física: (daño corporal) se empieza por empujones, pellizcos… y se termina con palizas, intentos de asesinato, etc. -Violencia sexual: imposición de relaciones sexuales no deseadas por presión moral (“venga, mámamela coño que no pasa nada”, “anda tonta, pero si te gusta”, “eres una estrecha”) ó por violación directa. -Violencia psicológica y personal: insultos, desprecios, humillaciones delante de tus amigos, celos, amenazas, chantajes… -Violencia económica: controla el dinero, impide que la mujer trabaje con argumentos como “ganas muy poco”, “los niños están mejor contigo”, “yo quiero que seas la reina, y una reina no debe trabajar”, “eres muy delicada para trabajar”, etc. -Violencia social: control de horarios y actividades, control de la ropa que la mujer se pone (“¿dónde vas con esa falda, que pareces una cualquiera?”, “quítate eso que se te ven las tetas”, “con esos pantalones parece que tienes un culo de foca”, etc).
¿POR QUÉ ELLAS NO SE VAN? El comportamiento de la víctima es difícil de entender: ¿por qué no rompe con él?, ¿por qué no denuncia?, ¿por qué retira las denuncias? Entre el agresor y la víctima se crea un fenómeno llamado DEPENDENCIA AFECTIVA. Esto es que la víctima depende totalmente del agresor porque siente que sólo a su lado es mujer, que es él quien realmente la entiende, quien realmente la quiere… No es que sean tontas ni sadomasoquistas, el problema va mucho más allá: ¡¡creen que les quieren y que ellos las quieren!!
LA VIOLENCIA DE GÉNERO Y NUESTRO PAPEL como amigos, familiares y conocidos de la víctima es clave: APOYO. Que sienta que no la abandonamos, que somos como una columna inamovible. El agresor intentará siempre alejarla de su círculo conocido tanto físicamente (mudarse) como psicológicamente (haciendo que ella reniegue de su círculo de conocidos “joder con tu madre, es mas tonta…”, “pues anda que tu amiga, es mas puta que las gallinas”, “tu padre es un calzonazos”) y nosotros debemos saberlo y aguantar. Darle a ella la fuerza necesaria para intentarlo una y mil veces brindándole nuestro apoyo incondicional, y NUNCA, NUNCA ECHÁNDOLE LA BRONCA.
CICLO DE LA VIOLENCIA DE GÉNER -Fase de tensión: aumentan discusiones y conflictos de pareja alentados por el hombre: se molesta por casi todo lo que ella hace, se pone nervioso con facilidad… -Fase de agresión: violencia física, psicológica y/o sexual. La víctima sufre la descarga de la tensión acumulada. La mujer pone la denuncia. -Fase de luna de miel: el agresor se muestra arrepentido, hace promesas tipo “no lo volveré a hacer”. Frases como “sin ti no puedo vivir”, “eres todo cuanto tengo”, “estoy solo, no me abandones. Todo el mundo puede tener un momento de debilidad”, “Entiéndeme”… La mujer termina creyendo que realmente ella puede cambiarle. La mujer quita la denuncia y piensa “Soy mala por no comprenderle”, “no quiero perjudicarle”, “sin mí, ¿qué haría?”. Consecuencias: baja autoestima, bloqueo emocional (está aislada y no encuentra apoyos) que facilita la tarea al maltratador.
DESARROLLO DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO
-Inicio de la violencia: violencia psicológica (amenzas, insultos, silencios, burlas) -Violencia Moderada: empujar, agarrar, etc. -Violencia Grave: abofetear, pinchar, aislar, escupir, violar… -Violencia Muy grave: ahogar, agredir con objetos contundentes, uso de armas, matar…
CONCLUSIÓN
Parece que el maltrato es algo que pasa a la gente mayor, ¡¡PERO NO!! Por eso hay que saber todo esto, para saber identificar cuándo alguien está sufriendo maltrato y cuándo nosotras mismas lo estamos sufriendo. Y aunque el agresor minimice los asuntos (“sólo la he empujado”, “es una exagerada”), argumente (“la pegué por su bien, para que aprenda”), desvíe el problema (“es que tengo muchos problemas en casa/el trabajo”), olviden (“no me acuerdo de nada, ¿te hice daño? Dios mío, lo siento muchísimo reina. Te juro que no me acuerdo de nada”, es mentira obviamente) y proyecten el problema sobre la víctima (“ella me provoca”), tenemos que CONOCER y SABER ACTUAR.
CÓMO SALIR DE ÉSTA PESADILLA
-Pedir ayuda tanto a familiares, amigos, profesores, como a personal especializado. -Teléfono de la mujer, la policía (092)… -Informarse es de vital importancia.
ALGUNAS FRASES PARA REFLEXIONAR… -“Si me quieres…no me grites, no me insultes, no me ignores, no me pegues, no me violes, no me mates…”
-Él te dirá “Nunca encontrarás a un hombre que te quiera como yo”, y tu responderás “¡NO DESEO UN HOMBRE QUE ME QUIERA MAS, SINO UNO QUE ME QUIERA MEJOR!”
-“Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que en ningún caso puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes” Constitución española, artículo 15.
OS RECOMIENDO UN LIBRO Quiéreme bien, una historia de maltrato. Rosalind B.Penfold. Es un cómic muy fácil de leer con el que entenderéis todo esto que acabo de contaros. Creedme chicas/chicos, ES IMPORTANTE
El día 18 de Abril de 2008 los
alumnos y profesores de Azuqueca de Henares hemos guardado un minuto de silencio
para manifestar nuestro rechazo contra la violencia de género. Aún seguimos
impresionados por las recientes muertes de una mujer y su pareja en Alovera (a
cinco kilómetros de nuestro instituto). A continuación os mostramos el
manifiesto leído.
Políticas para otra política
Periódico Público, martes 15 de abril de 2008
Antoni Gutiérrez-Rubí. Asesor de comunicación y autor del libro “Políticas”
La igualdad entre géneros llegará cuando las mujeres puedan cometer los mismos errores que los hombres y no se las insulte por ello. Amelia Valcárcel. Filósofa
La hostilidad, la falta de respeto y el mal gusto con los que algunos medios se han hecho eco de las nuevas portavoces parlamentarias son un dato muy preocupante.
La primera vez es importante en la política, como en la vida. Se recuerda imborrable y cambia o marca, casi siempre, la historia, sea personal o colectiva. La primera Ley de Igualdad, el primer Ministerio de Igualdad, la primera vez que hay más mujeres que hombres en el Gobierno y la primera ministra de Defensa configuran –por ejemplo– una carta de presentación atractiva y muy mediática. La primera vez indica la dimensión de los cambios, su carácter fundacional, el punto de partida. Pero la transformación, es decir, la auténtica política, necesita segundas y terceras veces. La continuidad, la perseverancia, la determinación para ampliar las primeras veces y convertir la senda angosta en caminos transitables es un ejercicio que conjuga mal con la autocomplacencia, que siempre tienta.
El orgullo –legítimo– de iniciar un camino que nadie intentó antes, la coherencia íntima de hacer lo que se cree justo e inaplazable, la voluntad política de cumplir los compromisos con hechos y conciliar lo que se piensa con lo que se dice y lo que se dice con lo que se hace pueden provocar cierta relajación, por exceso de satisfacción ética o estética. Necesitamos hitos, sí; pero, sobre todo, necesitamos hechos constantes para superar tanta discriminación.
El combate contra el machismo y, todavía más, contra la misoginia en la política es tan exigente como el que debemos afrontar en la sociedad, en la vida familiar y en las empresas. Y tiene unas características específicas que hacen de este combate un reflejo, inequívoco, de la capacidad que tendrá la política, en su conjunto, para reconciliarse con la sociedad y recuperar parte de la valoración perdida que nuestros ciudadanos tienen –sobre todo– en los partidos políticos y en la política representativa.
La primera consideración es que la política democrática y, en particular, las opciones progresistas deben feminizar sus estructuras, sus propuestas y sus estéticas. A la pregunta sobre si garantizar la mitad del poder, como respuesta a la representación paritaria de la sociedad, es condición necesaria para otra política, hay que responder afirmativamente, sin dudarlo. Pero la condición necesaria puede no ser suficiente si la paridad y la progresiva normalización de la incorporación de las mujeres en todos los órganos de decisión y en todos los sectores, sean los cuarteles o los consejos de administración, no van acompañadas de una permanente feminización de la política y de la manera de practicarla.
A las mujeres políticas, como a todas las demás, se las juzga doble cuando ejercen tareas directivas y se les paga la mitad en las otras, o no se les pagan, o se les añaden esfuerzos, en las cotidianas. La hostilidad y, en algunos casos, la falta de respeto y el mal gusto (El batallón de modistillas de ZP, Antonio Burgos, 14-04-08) con los que algunos medios se han hecho eco del pestilente olor de prejuicios y opiniones de corte machista y misógino hacia el nuevo Gobierno o hacia las nuevas portavoces parlamentarias son un dato muy preocupante. Y un indicador clarísimo de las dificultades a la que hay que hacer frente.
El machismo tiene muchas caras: la soez, la humillante, la sexista, la agresiva, la violenta. Todas execrables. Pero también tiene la cara taimada, la socialmente aceptada y casi imperceptible, que contamina el discurso y las actitudes disfrazando el prejuicio de falsa cortesía, de disimulada desconfianza o de profundo recelo. Cuando no de celos y envidia, directamente, sin pasos intermedios.
Los sintomáticos conatos de condescendencia (“la recibiremos con el mismo respeto y más delicadeza si cabe”) que se conocen de las primeras reacciones de la cúpula militar no serán un problema para el ejercicio de la autoridad para la nueva ministra. Ésa no es la cuestión. La jerarquía forma parte del ADN de la cultura castrense. Pero no se trata del poder, sino del poder diferenciado. De ejercerlo igual que ellos sin tener que ser como ellos, ni parecerlo, ni disculparse por ser diferente. Por ejemplo, la sonrisa espontánea de Carme Chacón no será un inconveniente para su autoridad, pero sí es una oportunidad para que ésta se note de manera diferenciada. Si renuncia a ella para intentar ganar respetabilidad, quizás se equivoque y no consiga el efecto deseado. Para entendernos, mandar firmes –con autoridad y a la vez con una sonrisa, si quiere– es el reto.
Vivimos un momento extraordinario. Actualmente, hay 14 mujeres en la presidencia de sus estados o en la jefatura de sus gobiernos, aunque la paridad en los parlamentos y en los ejecutivos está lejos todavía. Otras, como Hillary Clinton, están en pleno proceso electoral y pueden ampliar esta lista. Todas han tenido que hacer política en contextos sociales dominados fuertemente por clichés y estereotipos machistas, sexistas y discriminatorios. Todas han pagado un precio muy alto, con renuncias importantes y sacrificios adicionales. Pero allí donde gobiernan la acción política es –mayoritariamente– diferente, más justa, más igualitaria. Más democrática, en definitiva.
En 2007, la Unión Interparlamentaria, organización que agrupa a los parlamentos del mundo y que tiene estatus de observador permanente en Naciones Unidas, publicó un estudio que demuestra que las políticas públicas de orientación social cambian (y mucho) cuando las mujeres gobiernan.
Las mujeres que hacen política pueden, y ejemplos no nos faltan, comportarse con los roles y estereotipos culturales del machismo político. Pero también pueden, y mayoritariamente, incorporar otras escalas de valores en las relaciones (personales, sociales, institucionales, políticas), con otras sensibilidades y renovados matices. Y, sobre todo, con otra agenda y prioridades. Políticas para otra política.
Una sugerencia desde Mallorca:
sobre la violencia de género, os recomiendo leáis las tres primeras estrofas del
canto V de esta obra del renacimiento italiano, que es del siglo XVI pero por
desgracia sigue plenamente vigente hoy.
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